Volando a Cabo Verde

macaronesiaPara los que viajamos a Cabo Verde con cierta asiduidad, algo ha cambiado desde que Binter ha empezado a operar desde Canarias. Y no me refiero a la puntualidad, a las frecuencias, a los horarios, a los precios o a la capacidad de carga, sino a algo más sutil e intangible, tanto tenemos que viajar en Binter los canarios, que cuando lo hacemos, o por lo menos cuando lo hago yo, tengo la impresión de que de alguna manera estoy como en casa. Y prolongando esa sensación de estar en casa desde Canarias a Cabo Verde, esa comodidad de estar en casa, parece que disminuye la barrera psicológica que puede aparecer cuando viajas al extranjero. Coges un vuelo de Binter, y vas a Praia como si fueras a cualquier otra isla; y te sientes cómodo, te parece sencillo, tienes la sensación de estar moviéndote entre archipiélagos en zapatillas y en pijama. Y una vez que llegas a Praia, te encuentras con Javi en la tienda que acaba de abrir en el nuevo centro comercial de Quebra Canela, quedas a tomar un café con Edilson y saludas en la mesa de al lado a Guillermo y a Enrique que inauguran mañana un nuevo supermercado, Pilar te invita a comer a su casa con su familia, vienen Marcos y Sonia, George y Edna, y los escuchas atentamente cuando te explican cómo se sienten macaronésicos, oyes a sus hijos pequeños hablar en español, en portugués, en francés, en criollo, como si estuviesen hablando en una única lengua. Todo como aquel anuncio en el que un niño le preguntaba a su padre si se había dado cuenta de que su amiguita de juegos era negra: papá, le pregunta el niño, ¿tu sabías que Margarita es negra? Claro —le dice su padre—. Pues yo no —responde el niño—. Pues exactamente como ese niño me siento yo cada vez que vengo con Binter desde Canarias a Cabo Verde, tendré que preguntarle a los caboverdianos si cuando ellos vienen a Canarias sienten lo mismo.

Foto: Macaronesia

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