
«Woody Allen no tiene una película mala», dice en una escena uno de los protagonistas, y yo pienso: ¿qué película de Woody Allen podría asemejarse a Solos (de A contracorriente films)? Evidentemente por temática muchas, porque en todas ellas subyace la eterna y quizás irresoluble pregunta sobre qué demonios estamos haciendo con nuestra vida. Quizás me acuerde de Septiembre, porque toda esa película es una gran conversación que sucede dentro de una casa, como sucede en Solos. También me acuerdo de Los amigos de Peter (de Kenneth Branagh). Pero no, Solos no es Los amigos de Peter, Solos no habla de los amigos de siempre que cuando entran en la edad adulta se dan cuenta de que ya es imposible ser tan amigos como lo habían sido siempre. No, Solos no habla de eso aunque bien podría hacerlo, porque Solos es esa realidad urbana, y tan del primer mundo, que afrontan los cuarentones que se acercan a los cincuenta y que pretenden ser felices todos los días. No sé quién coño nos ha metido esa endemoniada idea en la cabeza: ser felices todos los días.
Y ricos, y exitosos y que se te ponga dura en menos de cinco segundos nada más ver a una tía que te gusta. O sentirte muy deseada por un tío joven, y sus poderosos atributos, para decirte a ti misma, para convencerte a ti misma, que a pesar de tener esa edad en la que ya te veías como una mujer invisible, resulta que aún no eres invisible del todo. Quizás la peli falle un poco en esa conversación (y perdón por el spoiler), porque las dos protagonistas todavía están estupendas, o al menos muchos de mis conocidos que llevan cerca de treinta años casados babearían por estar con cualquiera de las dos; aunque no sé si a ellas y a sus ambiciones les satisfaría que les tirasen los tejos unos casi sesentones. Aunque de eso también se habla indirectamente en la peli y quizás lo que estoy diciendo depende de la edad de quien lo dice: no es la misma mirada la de uno que se acerca a los cincuenta que la de uno de casi sesenta.

Pero Solos no es solo no querer despedirse del vigor de la juventud; también es bastante más. Y ahí están esos primerísimos planos que utiliza el director, el tinerfeño Guillermo Ríos, para que hablen los protagonistas (no sé si en el cine esos primeros planos que acentúan los rasgos de la cara y deforman los bordes de la imagen se llaman de alguna manera; yo no sé nada de técnica cinematográfica, solo sé por qué las películas me interpelan). Esos primeros planos desnudan a los protagonistas, en ellos nos cuentan sus miedos, sus ambiciones, sus frustraciones, sus deseos de llevar esa vida modelo que no sé de donde coño hemos sacado porque casi nunca se da.
Y resulta que ya he escrito dos veces «coño», por querer ser feliz todos los días y por las vidas modelo que no se dan.
La conversación fluye con interés, también con humor –hay unas cuantas buenas risas-, quizás un tema me pareció que no había sido espontáneo o una reacción un poco histriónica, pero no decae y aunque pareciera que en algún momento pudiera agotarse no sucede y te mantiene atrapado hasta el final, todas esas dudas casi de corte existencialista que tantas veces no tienen respuesta porque precisamente esa no respuesta es también la existencia.
Voy a decir algo sobre la banda sonora. Cuenta con un tema que siempre que suena me cautiva: Dance Me to the End of Love, de Leonard Cohen, una canción hipnótica que se cocina a fuego lento y que te arrastra a lo que viene después, hacia la intensidad de la cena, y sobre todo, del postre. Sin embargo, no me gustó la elección de La chica de ayer, de Nacha Pop, porque estos protagonistas que se acercan a los cincuenta debieron de haber nacido a principios de los ochenta, y siendo Solos una película generacional, quizás les hubiese correspondido otra canción; Son mis amigos, cantaba por ejemplo Amaral a finales de los noventa.
Aunque ese comentario quizás sea una impertinencia mía, porque al ser Solos, como digo, una película generacional, no deja de tratar muchos temas que generaciones anteriores se plantearon cuando llegaron a esa edad -como la mía-; y que generaciones futuras se platearán cuando también lleguen. Como pasa en Septiembre. Como pasa en Los amigos de Peter. Como pasa en Solos. Porque esa es una de las fortalezas del cine: ese reflejo de esa cosa tan rara, a veces tan plena y a veces tan frustrante, que es la vida.
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Otras películas de directores canarios que he reseñado recientemente: Mariposas negras y La lucha