Lo local y lo universal: La lucha

Mientras veía LA LUCHA me acordé inevitablemente de THE RIDER, aquella película de Chloé Zhao que tanto me gustó cuando la vi hace un tiempo. Trata sobre un joven cowboy que, por un accidente, debe abandonar su pasión: el rodeo, la competición, los caballos, allá en la lejana Dakota del Sur. Me atrae ese objetivo del cine o de la literatura por el que se muestra una realidad completamente ajena a la tuya, y entenderla, y disfrutarla, y ser consciente de la variedad y la riqueza del mundo. Y de apreciar, por tanto, que cualquier historia local puede llegar a ser universal. Por todo eso, entre otras cosas, me gustó THE RIDER.

Y lo mismo me ha ocurrido con LA LUCHA, me ha gustado mucho la película de José Alayón (El viaje films). Una historia sobre un luchador de lucha canaria, y por ende, del mundo de la lucha canaria. Empieza la película diciendo que la lucha canaria es una tradición aborigen, que era utilizada como una forma de defensa, entrenamiento y resolución de conflictos, y que pese a que los españoles, cuando llegaron en el siglo XV, la consideraron bárbara, la tradición se mantuvo tras la conquista.

Y creo que en esa clave he visto toda la película.

Alayón presentando LA LUCHA en los cines Yelmo Meridiano en Santa Cruz de Tenerife, nada más y nada menos que en un lunes de carnaval. Agüita!

Me han gustado tantas cosas: el físico, el rostro de todos los personajes, no me resultaba difícil relacionarlos como descendientes lejanos de los guanches, aquellos bereberes que llegaron a Canarias del norte de África como primeros pobladores de las islas. También la presencia del luchador y la luchadora senegaleses, que probablemente relacionen la lucha senegalesa (que supongo habrá tenido contacto con los bereberes Zenaga del sur de Mauritania) con los bereberes canarios y su lucha canaria. Me ha encantado a través de todos ellos observar una realidad del entorno geográfico en el que vivo.

Y la atmósfera, si crear atmósferas en cualquier relato es siempre un enorme reto, LA LUCHA lo consigue de manera magnífica, porque la atmósfera es toda la película: los cuerpos de los luchadores como si fueran colosos -algunas de las mejores imágenes de la peli son sobre sus cuerpos-, el paisaje árido, las montañas que a veces nos muestra como si fueran los mismos luchadores –ese estupendo primer plano de una montaña al principio de la película—, el viento constante soplando de fondo, los ladridos de los perros, los presas canarios, los tambores que suenan, los cantos del baile del vivo, las casas y los pueblos dispersos, rudimentarios, modestos, el interior de la casa también, ese baño de azulejos antiguos con la puerta raspada y el palo de la fregona, la caravana, los cuatro por cuatro con matrícula de GC o de TF.

Hay una estupenda escena familiar en la que todos ellos están comiendo que me parecía un auténtico retrato identitario. Viendo esa escena, disfrutándola frente a la enorme pantalla del cine, pensaba que bien podría ser retratada en un cuadro indigenista de Felo Monzón o de Antonio Padrón. Y pensaba en la pintura, en el cine, en la literatura –en Mararía de Rafael Arozarena, o en Nos dejaron el muerto, de Víctor Ramírez-, en la cultura como herramienta imprescindible para reflejar la identidad.

Felo Monzón, Antonio Padrón, Rafael Arozarena y Víctor Ramirez

Y también me ha encantado cómo nos han mostrado las dos luchas: la lucha canaria en sí (el terrero y ese mundo, -el rodeo y ese mundo en The rider-), y la lucha interior de los personajes (la del luchador y su entorno, -la del cowboy y su entorno en The rider-). Y también la lucha masculina y la lucha femenina. De las dos luchas podría comentar bastantes cosas, pero no haré spoiler, porque hay que ir a verla.

Y no quería dejar de nombrar, porque también me ha encantado, el lugar en el que trabaja la chica protagonista, que yo he entendido como la trasera del turismo. Y siendo una película que se desarrolla en Canarias en la actualidad, no nos muestra nada sobre el turismo, como si todos los protagonistas fueran ajenos a él, como si el turismo no fuese identidad, y que para encontrar/mostrar esa identidad en nuestra realidad de hoy en día era necesario hacer un zoom, como creo que ha hecho LA LUCHA, un zoom sobre una parte específica de la identidad canaria.

Me gustó mucho THE RAIDER, de Chloé Zhao, y me gustó mucho LA LUCHA, de José Alayón, dos películas que me han parecido casi paralelas, una ambientada en Canarias y otra en Dakota del sur, porque cualquier historia, por muy local que sea, es también universal. Y ahí está el oficio de los creadores, para mostrárnosla de una manera atractiva, para poner en valor la cultura, para decirnos que a todo el mundo le puede interesar, y gustar, una historia de este mundo.


Si quieres leer otra reseña sobre otra película canaria que vi recientemente, aquí mi reseña sobre Mariposas negras de David Baute.

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