
Este año he releído muchas novelas que leí hace veinte años o más, y que quería releer, así que unos cuantos clásicos de siempre se han colado en las mejores lecturas de 2025.
Aquí va la lista de mis mejores lecturas de 2025:
1. Conversación en La Catedral (Mario Vargas Llosa) y Los años inútiles (Jorge Eduardo Benavides) -relecturas.

Releer todo lo bueno que he leído, con otra edad, con otro criterio, con otra experiencia. Tanto por releer… Por supuesto que recordaba Conversación en La Catedral (la leí hace unos 15 años) como una de las grandes novelas de mi biblioteca; con esta relectura se confirma y refuerza aún más esa sensación. Aparece en la contraportada una frase de Vargas Llosa: «si tuviera que salvar del fuego una sola de las novelas que he escrito, salvaría esta». En mi caso, si tuviera que quedarme con una sola novela (y esperemos que eso nunca ocurra porque soy lo que leo, nunca podría desgajarme así), hoy sería esta.
Y la acompaño con otra estupenda novela que es heredera de la anterior, pero con una gran personalidad propia: Los años inútiles. La había leído hacía veinte años y como me sucedió la primera vez, me ha vuelto a encantar. Narra otro periodo distinto del Perú (La primera: los 8 años de la dictadura de Odriá (1948-1956) y la segunda: finales de los 80, durante el gobierno Aprista de Alan García), pero desde luego son novelas con bastantes paralelismos, tanto por mostrar esa descomposición total de la sociedad peruana desde sus personajes provenientes de distintos estamentos sociales, como en la estructura compleja, de saltos temporales y conversaciones superpuestas, que es lo que le confiere la garra que muestran ambas novelas.
Además, me ha encantado el ejercicio de leer Los años inútiles a continuación de Conversación en La Catedral: ¿Cuándo se jodió el Perú, Zavalita? Y resulta que treinta años después el Perú sigue igual o más jodido.
2. Viaje con un mapa en blanco (Juan Gabriel Vásquez)

De Vásquez he leído casi todo, entre ello, sus tres ensayos sobre creación literaria: El arte de la distorsión, La traducción del mundo, y Viajes con un mapa en blanco. Los tres son extraordinarios, de una lucidez envidiable. Los tres continuaré releyendo en esta carrera de fondo que es la escritura.
Rescato una frase de las innumerables que tengo subrayadas en todo el libro:
«La novela, el invento de Cervantes nos pide aceptar que el hombre común y corriente, el compañero de nuestra cotidianidad, es una criatura de complejidades sin fin, contradictoria, impredecible y ambigua, dueña de una profundidad y un interés que no están al alcance del ojo, sino que yacen detrás de mil velos a la espera de que los descubramos».
3. El telar del tiempo (Robert D. Kaplan)

De Kaplan he leído: Viaje a los confines de la tierra, Fantasmas balcánicos, Rumbo a Tartaria, La venganza de la geografía y ahora este extraordinario (como todos los anteriores) El telar del tiempo. No creo que sean el origen pero sin duda sus ensayos geopolíticos estuvieron muy presentes en la concepción de mis novelas sobre África: Tal vez Dakar y El latido de Al-Magreb.
Leí este ensayo con enorme interés y como siempre quedé sorprendido por el conocimiento y análisis geopolítico de Kaplan. Dos de los capítulos que más me gustaron: la contraposición entre Ataturk (uno de los personajes más fascinantes de la política del siglo XX) y Erdogan en Turquía, y lo sucedido en Egipto tras la caída de Hosny Mubarak a causa de las Primaveras Árabes y casi la continuidad con lo que sucede hoy en día con Abdel Fattah al-Sisi.
4. Poder y resistencia (Ilija Trojanow)

Copió lo que publiqué en su día tras la lectura:
«Poder y Resistencia», del escritor búlgaro Ilija Trojanow, ha sido una de las novelas que me he llevado para leer durante un viaje por Bulgaria. Una interesantísima narración sobre lo ocurrido en el país tras la caída de la URSS y que presenta a dos personajes opuestos: Konstantin Sheitanov, un represariado del régimen por sus ideas anticomunistas y que ha pasado 20 años en prisión, y Metodi Popov, un alto cargo del partido comunista que ha vivido esos mismos 20 años en el poder.
Sentimientos encontrados que se pueden apreciar en algunos de los monumentos soviéticos que aún están en pie en distintos lugares del país, algunos vandalizados por los que reniegan de ese pasado, otros en proceso de ser desmontados por ese mismo motivo, y otros, en cambio, donde los vecinos se organizan para que no los derriben y a los que, incluso, les ponen flores.
A mí, sin tener ningún vínculo personal con este país ni con sus habitantes, me ha interesado enormemente la experiencia de visitar varios de esos monumentos en donde se podía palpar La Historia, esa tremenda Historia. Y sobre todo, me ha encantado leer «Poder y resistencia» durante este viaje, durante esas visitas a los monumentos, la novela de Trojanow me ha acompañado como si fuera un profesor, un guía, una cámara de cine, un confidente. Como diría Álvaro Camino, el protagonista de El latido de Al-Magreb y Tal vez Dakar: viajar sin leer no es viajar.
5. Literatura de viajes: La aventura de viajar (Javier Reverte), China para hipocondriacos (José Ovejero), Viajes con Herodoto (Ryszard Kapuscinski), Cuadernos perdidos de Japón (Patricia Almarcegui) y En la Llanura de las serpientes (Paul Theroux)

La aventura de viajar: Este libro me ha costado 4,90 euros, de segunda mano; nuevo en su edición de bolsillo cuesta el doble, apenas un poco más de 10 euros, y sin embargo nos regala una vida. ¡Y qué vida! La experiencia del viaje en Javier Reverte. El autor nos narra cómo se fue conformando su necesidad de viajar y cómo fue evolucionando a lo largo de los años y las experiencias. Los capítulos sobre la guerra de los Balcanes, los países de Europa del Este tras la caída del Muro, o sus viajes por Nicaragua son memorables. Reverte acaba con una emocionante reflexión sobre el sentido del viaje, el sentido de su vida, su necesidad de aprehender el mundo, de aprehenderse a sí mismo. ¿4,90 o apenas 10 euros por todo eso?, ¿por tantísimo? ¿Por toda una vida? Ay los libros, qué baratos nos salen para todo lo que nos dan.
He disfrutado enormemente con la lectura de ‘China para hipocondriacos’ de José Ovejero. La elección de su manera de viajar, su atenta mirada ante lo ajeno o lo extraño, las experiencias vividas en el camino, su capacidad reflexiva, la fortaleza de muchas de sus imágenes y la calidad de su prosa. Además, leerlo ha supuesto un viaje de recuerdos, en 1995 (y por ese entonces debió hacerlo también Ovejero) viajé en solitario durante un mes por China y recorrí, mochila a la espalda, algunos de los lugares que Ovejero recorrió (viví muchas experiencias similares a las que él cuenta e incluso llegamos a cenar en el mismo restaurante en la ciudad de Lijianj: El Tibet café, curiosamente donde tuve la cena más interesante de toda mi aventura china).
De aquel viaje guardo un diario, yo tenía 26 años entonces, escribir era tan solo un deseo frustrado y no es un buen diario de viaje, pero sí está cargado de recuerdos, y creo que en unas pocas de sus descripciones y reflexiones apunta a que allí había un posible escritor. Hacía más de 20 años que no lo leía y estos días lo he hecho al mismo tiempo que el excelente relato de Ovejero y ha resultado ser una experiencia viajera, literaria y existencialista muy emotiva. Ovejero narró un gran viaje, escribió un gran libro de viajes (Premio grandes viajeros 1998) que para mí, casi 30 años después de su edición, ha supuesto un auténtico regalo. Así que viva la literatura por hacerlo posible.
De La llanura de las serpientes, de Paul Theraux, escribí una reseña un poco larga para publicar en este post y que se puede acceder aquí, en la que hablo sobre cómo la mirada del otro me resulta crucial para fomentar el conocimiento, el diálogo y el entendimiento entre distintas culturas. Y claro, te animo a leerla.
Cuadernos perdidos de Japón es también una relectura. Se trata de un bello libro que mezcla: sensaciones de la viajera, pensamientos de una mujer sobre viajar sola, historia, cultura, píldoras de actualidad y descripciones evocadoras. Me gustó mucho cuando lo leí por primera vez y lo mismo ha ocurrido en esta ocasión.
Y por supuesto no se puede hablar de literatura de viajes sin haber leído a Kapuscinsky:
Me preguntaba qué sensación se experimentaba al cruzar la frontera. ¿Qué sentía uno? ¿En qué pensaba? Debía de tratarse de un momento de gran emoción, de turbación, de tensión. ¿Cómo era ese otro lado? Seguro que diferente. Pero ¿qué significaba diferente? ¿Qué aspecto tenía? ¿A qué se parecía? ¿Y si no se parecía a nada de lo que yo conocía y, por lo tanto, era algo incomprensible e inimaginable? (…) Solo anhelaba una cosa: cruzar la frontera (Viajes con Herodoto).
6. Relecturas de clásicos: El corazón de las tinieblas (Joseph Conrad), En el camino (Jack Kerouak), El extranjero (Albert Camus), El gran Gastby (F.S. Fitzgerald), El lobo estepario (Hermann Hesse)

Disfruto de las relecturas, a veces pienso que debería releer todo lo bueno que leí en los 20, los 30, los 40. Este verano he querido releer estos 5 clásicos, aquí destaco una frase de cada uno:
Porque esto es lo que yo más odiaba, detestaba y maldecía principalmente en mi fuero interno: esta autosatisfacción, esta salud y comodidad, este cuidado optimismo del burgués, esta bien alimentada y próspera disciplina de todo lo mediocre, normal y corriente (El lobo estepario).
Cuando yo era más joven y más vulnerable, mi padre me dio un consejo en el que nunca he dejado de pensar desde entonces. Antes de criticar a nadie, me dijo, recuerda que no todo el mundo ha tenido las ventajas que has tenido tú. (El gran Gatsby).
Por supuesto que yo quería a mamá, pero eso no quería decir nada. Todos los seres normales habían, más o menos, deseado la muerte de los que amaban. (…) Sentí un deseo estúpido de llorar, porque comprendí hasta que punto toda aquella gente me detestaba. (El extranjero).
No eran colonizadores, eran conquistadores, se apoderaron de cuanto pudieron arrastrados por la única ambición de poseer (El corazón de las tinieblas).
Aquella gente nos vio bajar del coche con gran alivio en la esquina de la 27 con la Federal. Nuestro maltrecho equipaje volvió a amontonarse en la acera; todavía nos quedaba mucho camino. Pero no nos importaba: la carretera es la vida. (En el camino).
7. Últimas tardes con Teresa (Juan Marsé) -relectura

Leí Ultimas tardes con Teresa hace más de 25 años, yo era un joven e inexperto lector entonces, siempre la recordé como una de las primeras novelas donde fui consciente de que me estaba mostrando el carácter de una sociedad, y en la que aprecié la fortaleza de La Novela como un documento social de gran valía.
Sin duda, fue una de las novelas que me enganchó a la lectura.
Siempre había permanecido en mi memoria el recuerdo de esa relación entre sus dos personajes principales: el Pijo Aparte, charnego, tratado casi como un inmigrante en la Cataluña de la postguerra, y Teresa, proveniente de la burguesía catalana. Por ese intenso recuerdo quise volverla a leer en este año de relecturas, y salvo que se me hizo un poco más larga de lo que recordaba, como que le sobraban algunas páginas, la experiencia lectora y su goce fue exactamente el mismo que hace más de 25 años. Es una novela estupenda.
8. El acontecimiento y Memoria de chica (Annie Ernaux)

Reconozco que no me han gustado al 100% ambas novelas, en El acontecimiento porque el estilo de Annie Ernaux, directo, crudo, plano, sin adornos y de párrafos cortos, me daba la impresión de que a veces se necesitaba más, y en Memoria de chica, porque a mi juicio la última parte de la novela tiene menos interés con respecto al resto.
No obstante, en El Acontecimiento, ese mismo estilo es a su vez su fortaleza, porque como dice otro libro suyo, es como un cuchillo, su literatura como un cuchillo, nos cuenta de una manera directa, cruda, sobria, honesta y real una realidad sociológica, personal, íntima, un testimonio valiente que nos acerca a la mujer, a su realidad, a su posición social, a su pensamiento, a sus frustraciones. La compré un día que entré a curiosear en una librería cuando en el ayuntamiento de Madrid se estaba poniendo en duda el derecho al aborto y nada más terminar de leerla pensé que toda esa gente debería leer esta novela, y recordar lo que pasaban las mujeres que querían ser dueñas absolutas de su cuerpo en los años 60.
De Memoria de chica también escribí una reseña que animo a leer si estás interesado. A mí me ha interesado mucho el planteamiento de la novela, Annie Ernaux de adulta realizando un ejercicio de memoria para comprender una experiencia que tuvo de joven y que recordó toda la vida: cuando se acostó por primera vez con un hombre. La Annie de 2014, año en que escribió esta obra, no se reconoce en la Annie de 1958, de hecho, la trata de ella, como si fuera una persona distinta a la que mira con extrañeza, con incomodidad.
¿Debo fundir a la chica de 1958 y a la mujer de 2014 en un yo? —se pregunta.
Me gusta mucho esa pregunta sobre si somos los mismos que fuimos, si al hacer memoria sobre aquellos que fuimos no estamos también reconstruyendo un significado sobre aquella época y por ende, sobre la actual.
9. Cómo desaparecer completamente (Mariana Enriquez)

Esta reseña me salió de un tirón nada más acabar la novela, y aquí la copio:
Hay una canción de Jarabe de Palo que siempre me ha interpelado: «puede que hayas nacido en la cara buena del mundo, yo nací en la cara mala, llevo la marca, del lado oscuro.» Dicen que la literatura amplía la mirada, nos enseña otros mundos tan distintos al nuestro, conforma una versión enriquecida de nosotros mismos, es generadora de empatía, de humanismo.
Cómo desaparecer completamente reúne lo anterior, nos muestra un mundo terrible, en descomposición, donde la violencia y el horror son la norma, un mundo que tampoco está tan lejos de nosotros. Yo nací en la cara buena del mundo pero Matías, su protagonista, un chico de dieciséis años, no. Nació en la cara mala, en los arrabales de Buenos Aires, y no es su culpa ni tampoco hice yo nada por nacer en la cara buena, pero tuve esa suerte, ciega, porque a veces ni soy consciente, y así de injusto es este jodido mundo. Matías quiere desaparecer completamente, y no me extraña, y yo, que a veces también quiero desaparecer, no sé lo que digo, estupideces.
El narrador que utiliza Mariana Enriquez es fantástico, es un narrador en tercera persona que se confunde con una primera persona, a veces nos cuenta y a veces es Matías y su voz es tan jodidamente real, tan cabronamente real, tan arrolladoramente real que no deja de sacudirnos. Y además habla en esa jerga, tan argentina o tan latina o tan española qué sé yo, me recuerda a la jerga de los pinches cabrones pendejos mexicanos en Salvar el fuego, esa poderosísima novela de Guillermo Arriaga y que demuestra que esta lengua es universal y pertenece a todos los que la hablan, con todos sus acentos e identidades, es una lengua riquísima y maravillosa.
La cara buena del mundo no quiere mirar a la cara mala, prefiere ignorarla, a veces prefiere creer que ni siquiera existe, pero aquí viene Mariana Enriquez para vomitárnosla a la cara, y para espolearnos con cada página, con cada párrafo, a que nos identifiquemos con Matías, con su manera de intentar sobrevivir en la cara mala, en el horror, y es la literatura la que hace que queramos a Matías, comprendamos a Matías y deseemos que salga adelante; es la literatura de Mariana Enriquez.
10. El edén de las manitas de cerdo (Enrique Pérez Balsa)

Y para terminar, un registro completamente distinto a lo que suelo leer. Esto fue lo que escribí en Facebook sobre esta novela:
El edén de las manitas de cerdo la última novela que he leído este año, y es, sin lugar a dudas, con la que más me he reído, no en 2025, sino casi de siempre (con permiso de Iwasaki). Hasta más o menos la mitad la novela es una carcajada continua, Luis, su protagonista es un tipo normal, bueno, pongamos normal entre comillas. Está divorciado, tiene dos hijos adolescentes, y entre los gastos y lo que pasa a su ex mujer, no llega a fin de mes. Un amigo le convence de que para sacarse un dinerito extra (y así poder satisfacer los caprichos de sus dos hijos que le wasapean pidiéndole cosas) se apunte a una agencia de gigolós que promete ingresos fáciles. ¡Leche machanga! (si alguien no conoce esta expresión que le pregunte a la IA) porque es ahí cuando se despierta la tormenta.
Yo no suelo leer novela negra o de humor (y esta se ha llevado el premio Wilkie Collins de novela negra), pero ya me lo había pasado pipa con otra novela de Enrique Pérez Balsa, La última noche con Edu, y con esta me lo he pasado aun mejor. La empecé ayer y hoy la he terminado, está muy bien escrita y el ritmo es vertiginoso. La trama es algo más que las barrabasadas y chaladuras que le ocurren al personaje, hay algo en él que creo que me entusiasma, no sé muy bien lo que es, una especie de nihilismo, de decir o trasladarnos abiertamente su pensamiento completamente incorrecto, soez, pero también romántico, un tipo desprejuiciado, abierto a la sorpresa y a lo imprevisto de la vida, que parece que esta enfrentado contra las imbecilidades y contra los imbéciles.
No sé si he acertado en su definición o si me he excedido, pero creo que ha sido por eso por lo que me ha gustado, y por lo que me lo he vuelto a pasar pipa con otra novela de Enrique Pérez Balsa.
Pablo, seguirte me hace amar más la lectura. Gracias 🍾🥂
qué bien! muchas gracias, Ramiro! Así que viva la literatura!