¿Somos los mismos que fuimos? – Memoria de chica, Annie Ernaux

Pasé el fin de semana de tormenta frente a la ventana disfrutando de la lectura de ‘Memoria de chica’, de Annie Ernaux -llueve ahí fuera, el reloj desaparece y solo estás tú y la lectura-. Independientemente de la parte final que me ha interesado menos, me he metido de lleno en lo que a mi juicio es un excelente testimonio sobre las consecuencias presentes y futuras de una experiencia de la autora, cuando a los 17 años se acuesta por primera vez con un hombre.

Corre el año 1958, una sociedad rígida, patriarcal, llena de normas, ella quería ser una joven rebelde, bohemia, emancipada, intelectual, quería sentirse deseada y disfrutar del sexo con libertad. Pero entonces, en el sexo (como en miles de cosas) no había libertad posible para una mujer. —¿Y ahora?— El recuerdo de lo que le ocurre con un monitor en un campamento de verano lo describe así:

«Ella no se somete a él, sino a una ley indiscutible, universal, la de una brutalidad masculina que, de todas todas, tarde o temprano, le habría tocado sufrir. Que la ley en cuestión sea feroz y sucia, es así y no hay vuelta de hoja».

La Annie de 2014, año en que escribió esta obra, no se reconoce en la Annie de 1958, de hecho, la trata de ella, como si fuera una persona distinta a la que mira con extrañeza, con incomodidad. ¿Debo fundir a la chica de 1958 y a la mujer de 2014 en un yo? —se pregunta—, e impulsada por lo sucedido en el campamento de verano, ese hecho que recordará toda la vida, realiza un ejercicio de memoria plasmado en su literatura (una literatura sencilla y directa pero descarnada, sin ornamentos ni artificios pero afilada) para intentar comprender quién era entonces y por qué actuó y reaccionó como lo hizo. Para Ernaux, recordar no es reconstruir hechos, sino significados. ¿Nos reconocemos nosotros en aquel que fuimos y en aquello que hicimos hace cuarenta años? ¿nos consideramos la misma persona?

‘La escritura como un cuchillo’, es otro de los títulos que me ha gustado de la autora.

Esa comprensión de lo que había sido y de lo que había hecho empezó a tomar forma un tiempo después de aquel encuentro en el campamento de verano, al leer a algunos intelectuales de esa época. Leyó cosas que nunca había leído, tomó conciencia de cosas que no sabía, y tuvo otra opinión de su experiencia y probablemente de sí misma. Esos intelectuales también fueron clave en Mila, la protagonista de mi novela ‘Yo no seré La Implorante’, que también los leyó y le ocurrió lo mismo que a la Annie Ernaux de entonces, cuando tenía 18 años, como si Annie y Mila fueran dos personas distintas antes y después de aquellas lecturas.

 Qué importante son todas esas voces en las que nos encontramos, con las que nos descubrimos y nos identificamos y con las que construimos el camino de nuestra existencia. Qué importante la lectura, y claro está, también la escritura, qué necesario que la escritura sea afilada y descarnada como un cuchillo.

Dicen que escribir es vivir dos veces, eso es lo que hace Annie Ernaux con ‘Memoria de chica’, vivir dos veces, una manera que ayuda a entender lo que nos sucede, lo que hicimos y lo que hacemos, en definitiva: lo que somos. Precisamente una de las principales razones por las que también escribo yo.

Compartir

Deja un comentario