La mirada del otro en la llanura de las serpientes.

Hace unos años contacté con un club de lectura especializado en África y me ofrecí a participar con alguna de mis novelas, educadamente me dijeron que no, y me explicaron el porqué: preferían conocer África a través de las voces de los africanos.

Fue una respuesta que me sorprendió, más si cabe cuando personajes como Jean-Paul Sartre o Frantz Fanon aparecían en mis novelas sobre África. Sartre habla del encuentro entre culturas: el negro adquiere la conciencia de ser negro cuando se produce la mirada del blanco, es la mirada del blanco lo que nos convierte en negros; y viceversa, desde el punto de vista de los blancos: ahora hay miradas negras que nos observan, dice en ‘Orfeo negro’, el prólogo que escribió para ‘Antología de la nueva poesía negra y malgache de lengua francesa’, a petición de su amigo senegalés Leopold Sedar Senghor. Frantz Fanon en ‘Piel negra, máscaras blancas’, habla de cómo los negros interiorizan la mirada blanca creando mentes colonizadas y aboga por que los negros descolonicen sus mentes. La mirada de los otros sobre nosotros mismos también va forjando nuestra identidad. Según Hegel: «solo cuando el otro me reconoce como sujeto puedo verdaderamente reconocerme a mí mismo. La autoconciencia solo se logra al ser reconocida por otra autoconciencia» (extensible para las personas y para las razas).

La mirada del otro (me) resulta crucial para fomentar el conocimiento, el diálogo y el entendimiento entre distintas culturas, y por eso me sorprendió la razón que me dieron para rechazarme en aquel club de lectura.

Y en todo eso estuve pensando cuando elegí leer ‘En la llanura de las serpientes’, del autor norteamericano de literatura de viajes, Paul Theroux. (La llanura de las serpientes es el nombre que elige el autor para nombrar a México debido a una anécdota que le ocurre en el camino). Leer sobre México de la mano de autores mexicanos o de la mano de un viajero gringo, eso es lo que me planteaba. La mirada del gringo me parece también perfectamente válida, y necesaria, ambas miradas enriquecen el conocimiento y, como decían Sartre o Fanon, conforman la identidad.

Me ha interesado mucho este viaje de Paul Theroux, (de Don Pablo, como le gustaba que lo llamaran en México), un viaje que también he hecho yo a través de su mirada y de su literatura: los cruces de la frontera entre EEUU y México, las terribles historias violentas de los narcos, la deleznable corrupción policial, las consecuencias del tratado de libre comercio, las complejas experiencias de los migrantes que va encontrando en el camino, los destinos peculiares que elije visitar, las culturas y lenguas indígenas, los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, las amistades que hace en Ciudad de México, el imaginario sobre Frida Kahlo, la representación de la muerte o el encuentro con los Zapatistas. Todo ello minuciosamente contado, mostrando el ‘Tao’ de un verdadero y auténtico viajero, México ese inmenso y complejo país casi inabarcable, observado desde su mirada gringa.

Pero además de todo eso algo me ha sorprendido especialmente: sus opiniones tremendamente críticas sobre algunas novelas mexicanas, especialmente sobre un clásico como ‘Pedro Páramo’ (cumbre de la narrativa mexicana -y que él no lo considera así-), sobre otras novelas de Carlos Fuentes o sobre el realismo mágico en general. Podrás estar de acuerdo con él o no, pero desde luego es su opinión, que fundamenta bajo su punto de vista y experiencia personal. Es de nuevo la mirada del otro, creo que se trata de una mirada anglosajona sobre el mundo latino, argumentada con respeto como está hecha, es esa mirada que decía Sartre, esa mirada que observa de otra forma otra cultura.

El escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez, en su magnífico ensayo ‘La traducción del mundo’, en el capítulo titulado ‘La mirada de los otros’, acude a Hannah Arendt, dice Arendt: «Me formo una opinión considerando una cuestión determinada desde distintos puntos de vista, haciendo presente en mi mente el punto de vista de los ausentes. (…) Cuantos más puntos de vista de otras personas tenga presentes en mi mente mientras reflexiono sobre una cuestión determinada, y cuanto mejor pueda imaginar cómo me sentiría y pensaría si estuviera en su lugar, más fuerte será mi capacidad de pensamiento representativo y más válidas serán mis conclusiones finales, mi opinión.»

Y continúa Vásquez: «En este mundo de las redes sociales, donde el algoritmo manipula la información que te ofrece, y solo te muestra una visión de las cosas, la interpretación de los otros es lo que se ha vuelto cada vez más difícil…»

Uno de mis pasajes favoritos del libro de Theroux es cuando está conversando con el artista oaxaqueño Francisco Toledo:

-¿ha visto lo que está pasando en México? -le pregunta Toledo.

– He viajado un poco -respondió Theroux-, vine en carro desde la frontera, me detenía en algunas ciudades, hablaba con la gente, estoy tratando de entender el país.

-¿Y lo está consiguiendo? -le pregunta Toledo.

Vásquez continúa diciendo que una de las funciones de la literatura, de la novela, es promover la compresión del otro, y precisamente para eso ha hecho ese viaje Paul Theroux, su mirada, la mirada de un estadounidense sobre México y los mexicanos, es una mirada que define identidades, una mirada tan importante para fomentar el conocimiento, el diálogo y el entendimiento, una de las grandes carencias de este mundo de hoy en día.

Leer sobre los otros, cotejar las distintas miradas, alcanzar esa opinión que perseguía Arendt.

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