Una conversación canaria del siglo XX

En unos días entramos en 2025 y el siglo XX queda tan lejano, los que nacieron en el siglo XXI ya cumplen 25 años, háblales a ellos de ese siglo XX, les sonará decimonónico. Atrás quedaron sus temas, «La Laguna, un aperitivo infinito» (de Juan-Manuel García Ramos), lo que conversaban los contertulios de esta charla que pudo tener lugar en algún año del inicio de la década de los ochenta de ese viejuno siglo pasado.


Filosofía, pensamiento, ideologías, totalitarismos, guerras, cristianismo, historia, identidad, ¿de verdad que todo eso es viejuno? Aquellos temas que se debatían en La Laguna, herencia de los ilustrados, Viera y Clavijo, Agustín de Betancourt, Juana del Hoyo, la enriquecedora práctica de la conversación. Los surrealismos, Gaceta del Arte, el Generalísimo, los supervivientes y los obligados reconvertidos. La Universidad, el teatro ambulante confrontando el mundo, el cabaret; y también los excesos del desarrollismo, el analfabetismo y el urbanismo así juntos sin una coma que los separe. Los micro mundos, los laguneros, los chicharreros y los antichicharreros, las rivalidades localistas y también el ninguneo de lo local, el artista, el escritor que conoces, que es tu vecino, no te genera ningún interés, en eso no hemos cambiado mucho, ni qué decir si la que escribe es una mujer, Nivaria Tejeda, Mercedes Pinto. Los lupanares, el alcohol, las librerías, Jarama, Lemus, El Águila, Sonora, Viphel, la pírrica gestión cultural. Y los estudios canarios, la emigración a América y sus emigrantes fundadores de nuevas ciudades, los puertos francos, el Atlántico y el mestizaje como escultores del carácter, de la identidad, de la atlanticidad.


¿Pero acaso todo esto le importa a alguien? Qué lejos queda ya pese a que hoy, tan modernos, seamos su consecuencia y su resultado. La palabra tertulia podría desaparecer pronto del diccionario, no se usa desde finales de los ochenta, y ahora está moribunda, enterrada ¿por el individualismo?, por la indiferencia, y por la adicción a las pantallas asesinas del pensamiento. Pero si existiera aún, si renaciera como un brote en el tronco de un pino quemado, ¿cómo sería esa tertulia? ¿Cómo sería una conversación como aquella en pleno siglo XXI, en 2025? Creo que la enjundia de esta identitaria e interesante conversación lagunera y canaria merecería una segunda parte.

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