
Terminada esta novela sobre la homosexualidad en Senegal (en África), Editorial Anagrama, me acuerdo de dos conversaciones a propósito de la literatura. Una con el colombiano Juan Gabriel Vásquez que escuché en la pasada feria del libro de Sevilla, Vásquez hablaba sobre la influencia de la literatura en el humanismo, esas novelas que tratan de personas distintas a nosotros, que nos obligan a reflexionar sobre ellas, otras realidades que conocemos y con las que empatizamos gracias a la literatura. Un vínculo poderoso: literatura y humanismo.
Pero también me acuerdo de otra conversación entre dos grandes escritores, Philip Roth y Milan Kundera, en la que este último señalaba que “la estupidez de la gente procede de tener una respuesta para todo, la sabiduría de la novela procede de tener una pregunta para todo. El novelista enseña al lector a aprehender el mundo como pregunta. Hay sabiduría y tolerancia en esa actitud. En un mundo edificado en verdades sacrosantas, la novela está muerta. El mundo totalitario, se base en Marx, en el islam o en cualquier otro fundamento es un mundo de respuestas, en vez de preguntas. En él no tiene cabida la novela”.
Yo prefiero el mundo donde tiene cabida la novela. Yo prefiero el mundo que tiene una ambición humanista, y el otro mundo, el que no reconoce, ni aprehende, ni empatiza, ni respeta, que no admite el cuestionamiento de las preguntas, ese mundo totalitario en el que no cabe la novela, es un mundo alejado de la sabiduría y de la tolerancia, es el mundo de la barbarie, es el mundo que refleja #Hombrespuros, esta novela sobre lo que sucede con la homosexualidad en Senegal (en África) escrita por el senegalés #MohamedMbougarSarr.
¿Acaso esta novela podrá tener eco en Senegal y ayudar a superar la barbarie en busca del humanismo?