Nación española, nación marroquí, las libertades individuales

  • La nación española, según Mateo-Sagasta, tendría 185 años de historia.
  • El sistema político en Marruecos hoy, en 2022, podría asemejarse al que existía en España entre 1833-1837.

He leído con muchísimo interés Nación, de Alfonso Mateo-Sagasta, una crónica sobre los hechos ocurridos en España desde la invasión francesa en 1808 hasta la constitución de 1837 (heredera de las Cortes de Cádiz de 1811). Mateo-Sagasta defiende que hasta ese año, 1837, no existía ninguna nación española, sino una entidad supranacional, la Monarquía Católica, en la que convivían con administraciones independientes diferentes reinos, principados y señoríos.

Escrito a través de unas 370 crónicas de una sola página a modo de pequeñas píldoras que van construyendo un relato histórico, nos adentramos en hechos claves de la historia de España (y del mundo Occidental); el principal: la lucha entre la monarquía absolutista por mantener el antiguo régimen -la monarquía católica representada por Fernando VII- frente a las ideas ilustradas que reclamaban la constitución de la nación española. Las ideas contrapuestas entre el poder real de origen divino, legado por Dios, y la soberanía popular. Desligar la religión de la política, suprimir de la política todo dogma. Es decir, las ideas de la revolución francesa con 22 o 48 años de retraso (1789-1811-1837).

Narra Nación hechos cruciales de ese periodo, por citar algunos: los desmanes de Fernando VII, la importancia de los fueros, la independencia de los territorios americanos de la monarquía católica (que no de España), los intereses económicos y las atrocidades vinculadas a la esclavitud, la inquisición, la Santa Alianza, la representatividad de las mujeres en las cortes (¿cómo vamos a negar su representatividad si van a misa y a la comedia igual que los hombres?, se preguntaba un ilustrado), la necesidad de construir un relato nacional español apartado del orientalismo para ser/parecer más europeos.

“Los conceptos de nación e identidad nacional son construcciones históricas recientes y no realidades objetivas de carácter intertemporal. Las naciones son modeladas, inventadas (…)”. ¿Qué somos? ¿Qué es ser español? Se preguntaban aquellos intelectuales en 1837.

Llevando esta reflexión a mi terreno

A continuación he querido llevar esta lectura a mi terreno tras la reciente publicación de mi novela El latido de Al Magreb vinculada al surgimiento de nuevas naciones como Marruecos (que alcanzó su independencia en 1956) o Mauritania.  

Siguiendo la argumentación de Mateo-Sagasta, España, la nación española, tal cual la conocemos hoy tendría 185 años de historia. Marruecos como nación tal cual la conocemos hoy tendría 66 años de historia.

Después he pensado que desde 1837 la normalización del sistema político español (quedaba todavía un largo camino por recorrer de enfrentamientos entre conservadores y liberales, repúblicas, restauraciones, guerras civiles, dictaduras y democracia) no llegó hasta la constitución de 1978, y por fijar una fecha, hasta 1981, cuando se supera el golpe de Estado del 23F. Por tanto, desde el inicio de la nación española según Mateo-Sagasta, hasta lo que, por el momento, parece la estabilización del sistema político han pasado 144 años.

El acuerdo para aprobar la constitución de 1837 fue un acuerdo de mínimos en los que cada parte tuvo que ceder para poder llegar a un consenso. “En toda sociedad, los hábitos, la tradición, la educación viven en continuo conflicto, de modo que hay que sacrificar el máximo de los programas de cada uno para conseguir el mínimo necesario”, dice en una de las píldoras de Nación Salustiano de Olózaga, gobernador de Madrid. Y ese acuerdo de mínimos contempló que la jefatura del estado la detentara el rey, al que se le concedía el derecho de veto absoluto, poder convocar y disolver las cortes a su criterio y nombrar y cesar ministros. El poder legislativo lo compartía con las cortes constituidas en dos cámaras: el senado y el congreso.

Ese acuerdo podría asemejarse al sistema que rige hoy en día en Marruecos. Similares poderes del rey con el añadido de que en este país no se ha separado la religión de la política, el dogma de la política, el rey de Marruecos es a la vez jefe del Estado y encomendador de los creyentes (la dinastía alauita descendiente del profeta). Es decir, algo parecido a lo que sucedía en España en el periodo que va desde la muerte de Fernando VII (rey de origen divino), en 1833, la abolición definitiva de la inquisición en 1834 y la aprobación de las cortes en 1837.

Según esta argumentación, el sistema político de Marruecos hoy, en 2022, podría parecerse al que evolucionaba en España entre 1833 y 1837.

El filósofo marroquí Al Yabri

Evidentemente, las naciones Occidentales, con ese hecho crucial de separar la política de la religión, han conocido una evolución muy distinta de las naciones musulmanas, en la que esta disociación parece imposible.

El filósofo marroquí Al Yabri escribe en su “Crítica a la razón árabe” que la diferente evolución entre las sociedades occidentales y las sociedades árabes se debe a que en las primeras, el binomio pensamiento y ciencia se basó en la observación del mundo natural y en los avances científicos y tecnológicos lo que contribuyó al florecimiento y progreso de ambos. Sin embargo, en el mundo musulmán, toda la lógica procedía del Corán y los Hádices, centrada en el derecho y no en las ciencias experimentarles. Además, en el pensamiento musulmán no hubo esa confrontación entre ciencia y religión que generó una nueva concepción del universo, sino que se constituyó en torno a la legitimidad del poder musulmán. La religión musulmana ha sido el soporte ideológico para consolidar el poder, es decir, política y religión juntos. En el caso de Marruecos, su líder nacionalista, el intelectual Alah El Fassi, promovió el islam como el elemento nacionalista que expulsaría a los colonizadores y unificaría el país para alcanzar su independencia. El Rey de Marruecos es jefe del Estado y encomendador de los creyentes.

España se convirtió en nación cuando se separó el poder político del religioso, después siguió una evolución en la que se primaba la libertad del individuo, la religión quedaba como una elección personal.

Marruecos se convirtió en nación con la unión de poder político y religioso, los individuos debían ser buenos musulmanes.

Dos concepciones muy distintas del Estado, de la política, del individuo y de la forma de vida.

Las libertades individuales

Escribo este texto cuando Salman Rushdie ha sido apuñalado treinta años después de que el chiitia Jomeini emitiera la fatwa en su contra, y cuando una mujer de Arabia Saudí, Salma al Shehab, de la minoría chiita del país, ha sido condenada a 37 años de prisión por sus comentarios en Twitter defendiendo la libertad de las mujeres.

Ya sé que hay muchas versiones distintas del islam (chiitas, sunitas -sus cuatro escuelas de interpretación del corán -la Malaki, la Hanafí, la Shafi’í y la Hanbalí-, sufistas) y que lo que hacen unos no representa a todos los musulmanes.

Lógicamente cuando suceden hechos tan tristes como lo de Rushdie y lo de Al Shehab piensas en las libertades individuales que disfrutamos en occidente, y si los hechos mencionados coinciden con el momento en que lees Nación, de Mateo-Sagasta, relacionas ambas cosas.

La consecución de lo que en occidente denominamos libertades individuales fue un proceso largo y costoso: los revolucionarios franceses en el siglo XVIII, los ilustrados, los liberales españoles (y europeos) y la abolición de la inquisición en el siglo XIX, la constitución de las naciones y sus sistemas políticos, los movimientos vanguardistas en el siglo XX, los dadaístas, los surrealistas, los situacionistas de mayo del 68, la liberalización de la mujer, de la comunidad LGTBI. Más de dos siglos para llegar a la situación que tenemos hoy en día.

Supongo que todo eso habrá tenido que ver con que cuando en 1882 Nietzche dijo que Dios había muerto, o cuando Martin Scorserse estrenó la película La última tentación de Cristo en 1988, nadie ordenase la muerte de nadie.

El inicio de todas esas libertades individuales fue la separación de la política de la religión, en España empezó en 1811, cuando los liberales se enfrentaban al poder divino de Fernando VII y a la inquisición.

Hoy en día, después de más de dos siglos, el ciudadano occidental, en general, se siente libre, pero no ha sido nada fácil (los hijos de la democracia nunca deberíamos pensar que es algo dado, que viene de serie).

Pienso muy a menudo en los ciudadanos de los países musulmanes que no se sienten libres bajo las imposiciones de la unión de política-religión-ley: los no creyentes, o los no tan creyentes, los defensores de la democracia plena, de la libertad de prensa y opinión, las mujeres que no estén de acuerdo con su situación (como Al Shehab), los homosexuales.

¿Qué ocurrirá con ellos?

¿Qué recorrido tiene la influencia de los valores occidentales en los países musulmanes?

¿Surgirán otras primaveras?

¿O quizás los valores occidentales de los que hablo no son ni serán nunca compatibles en las sociedades musulmanas?

Creo que muchos de los países que se independizaron en el siglo XX después de la colonización están aún en proceso de construcción (probablemente unos más que otros). ¿Necesitarán todavía 50, 100 o 144 años más, como le ocurrió a España, a la nación española según Mateo-Sagasta, para consolidar sus sistemas políticos garantes de las libertades individuales?

La historia todavía no ha terminado, decía el martiniqués Aimé Cesaire en los años 50 del siglo XX cuando lanzaba su discurso contra el colonialismo y empezaban las independencias africanas.

Evidentemente no sé lo que ocurrirá con los países musulmanes, pero ojalá llegue el momento en el que los individuos de estos países que no se sientan libres puedan sentirse así, y puedan opinar y ser lo que quieran sin que nadie tenga el derecho de señalarlos, amenazarlos, perseguirlos, encarcelarlos, o asesinarlos.

¿Llegará ese momento algún día?

En España ese proceso llevó más de dos siglos. Y todo empezó con la separación de la política de la religión.

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2 comentarios

  1. Seguiré pensando firmemente que la democracia no es incompatible con las sociedades musulmanas y quiero seguir soñando con que otras primaveras surgirán y -esta vez- florecerán.
    Para ello, por supuesto, se necesitarán muchos jóvenes valientes, que lo arriesguen todo a cambio de futuro, pan, dignidad y libertad.
    Por ello es tan importante la enseñanza desde edades tempranas que forme mujeres y hombres en el diálogo, entendimiento y acercamiento a culturas diferentes que, finalmente, no serán más que enriquecimiento para todos.
    Sigo apostando por la cultura, por los libros, esos que nos enseñan y que a veces pueden ser una guía en nuestra vida.

    • Así es Joana, para que florezcan nuevas primaveras serán necesario muchos jóvenes valientes que lo arriesguen todo, pero es muy difícil cuando arriesgar puede suponer la cárcel. Acabo de terminar el libro Tres jaques al rey de Marruecos, de Javier Otazu, que fue corresponsal de EFE en Rabat. Es muy muy interesante, y lo que cuenta está en relación con tu comentario. Y sí, la cultura, los libros, si no leemos, no somos libres.

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