Leer sobre el golpe de estado del 23-F durante la pandemia C-19

Anatomía de un instante, de Javier Cercas, es un libro poderoso.

Retrata un momento muy delicado de la historia de España (el golpe de estado del 23 de febrero de 1981) y aunque llevaba ya un tiempo pendiente de leerlo (ese montón de libros por leer que crece y crece), he venido a hacerlo en otro momento muy delicado de la historia de este país, en medio de la pandemia del coronavirus.
Ninguno de los nueve párrafos que viene a continuación están escritos con palabras mías, sino que están extraídas del libro. A ver si les recuerda a algo:
«En 1981 España está en una situación catastrófica, una profunda crisis económica, el paro disparado, el terrorismo de ETA ejecutando más de 400 atentados al año, ciento cincuenta muertos, uno cada tres días, el país todavía en el camino de transición a la democracia, los militares con el recuerdo del franquismo, de la dictadura, muy presente. ¿Cuántos muertos hay que poner sobre la mesa para que un régimen democrático deje de serlo o resulte insostenible y termine siendo necesaria una intervención militar? —se preguntaban algunos—¿doscientos?»
«El periódico El País, el 30 de diciembre de 1980, pintaba un cuadro de fin de mundo, en el que el desbarajuste territorial auguraba una solución violenta; acusa de irresponsabilidad a todos los partidos políticos sin excepción y les reprocha su ignorancia culpable del punto de llegada del Estado de las Autonomías».
«Y todos piensan que el culpable de esa situación es Adolfo Suárez, y que su salida del poder es la única opción para salir de ese desaguisado»
«A Suárez se le reprocha su arribismo, un cachorro de la falange”. Javier Cercas acude a la descripción del político puro que realizó Ortega y Gasset. “Entre las virtudes del político puro: la inteligencia natural, el coraje, la serenidad, la garra, la astucia, la resistencia, la capacidad de conciliar lo inconciliable. Entre los defectos: la impulsividad, la inquietud constante, la falta de escrúpulos, el talento para el engaño, la ausencia de refinamiento, de vida interior, de personalidad definida lo que lo convierte en un histrión camaleónico. Ortega no incluye en su descripción la ambición, pero eso es así, dice Cercas, porque Ortega sabe que para un político la ambición no es una cualidad, sino una premisa».
«Suárez fue una ambición en carne viva, tenía un hambre desaforada de poder, hubiera pactado sin dudarlo con el diablo a cambio de llegar a ser lo que llegó a ser. Adolfo no es ni del Opus ni de la Falange —parece que dijo una vez el Rey—, Adolfo es adolfista». Y punto (el añadido es mío).
«Había llegado el momento de quitarlo de donde estaba, había que conseguir un gobierno fuerte, que protegiese las turbulencias de la Corona, que corrigiese el caos de improvisaciones con que se ha había hecho el cambio desde la dictadura a la democracia y pusiese coto a sus excesos, que atajase el terrorismo, resucitara la economía, racionalizara el proceso autonómico y devolviera la calma al país. España tenía una clase política indigna que estaba conduciendo al país al despeñadero. Por eso había que quitar a Suárez, y acto seguido formar un gobierno de concentración, de gestión, de salvación nacional, integrado al menos en un 50% por civiles independientes, con participación de los principales partidos políticos, UCD, PSOE y Alianza Popular y presidido por un independiente».
«El paso de la dictadura a la democracia se había basado en un pacto mediante el cual los vencidos de la guerra civil renunciaban a ajustar cuentas y los vencedores aceptaban la creación de un sistema político que acogiese a unos y a otros. Parecía que todos los políticos hubiesen leído a Max Weber y pensaran, como pensaba él, que no hay nada éticamente más abyecto que practicar una ética espuria que solo busca tener razón, una ética que en lugar de preocuparse de lo que realmente corresponde al político, el futuro y la responsabilidad frente a él, se pierde en cuestiones, por insolubles políticamente estériles, sobre cuáles han sido las culpas en el pasado».
Y también habla de la ética política. «¿Son los vicios privados de un político virtudes políticas? ¿Es posible llegar al bien a través del mal? ¿Es insuficiente o mezquino juzgar éticamente a un político y sólo hay que juzgarlo políticamente? ¿Son la ética y la política incompatibles? ¿Ética y política es un oxímoron? Weber no piensa que ética y política sean exactamente incompatibles, pero sí que la ética del político es una ética específica, con efectos secundarios, letales. El político practica una ética relativa, dice Weber, que en vez de ocuparse de la bondad de los actos se ocupa de la bondad de la consecuencia de los actos. El oficio político consiste en usar medios perversos para conseguir fines beneficiosos, de ahí que para Weber el político sea un hombre perdido que no puede aspirar a la salvación de su alma, porque ha pactado con el diablo al pactar con la fuerza del poder, y está condenado a sufrir las consecuencias de ese pacto abominable».
En fin, todo aquello sucedió en febrero 1981, y yo he leído ‘Anatomía de un Instante’ en abril de 2020, casi cuarenta años después de que haya sucedido. Afortunadamente entonces venció la democracia, los golpes de estado y los gobiernos militares han quedado definitivamente desterrados en este país (aunque también se hable de nuevos 1984); pero estos días, en el desborde de comentarios, declaraciones, opiniones fundadas y opinionuchas que nos han llegado a todos a través de las redes y del tan a menudo puñetero Whatsapp, he escuchado muchas cosas que parecía que estaba leyendo según avanzaba en la lectura de este magnífico libro.
Pero ‘Anatomía de un instante’ es mucho más que estos nueve párrafos que he seleccionado; se trata de un libro imprescindible para conocer la transición española, y cómo los hechos, las consecuencias, las cargas y las descargas, las prohibiciones, las lealtades y las traiciones, las mentiras y las certezas, el olvido, la concordia, el futuro y toda la intensidad de aquellos años confluyeron en un instante único del que Javier Cercas nos disecciona, de manera brillante, su anatomía.
Posdata: (RAE)
anatomía
1. f. Ciencia que estudia la estructura y forma de los seres vivos y las relaciones entre las diversas partes que los constituyen.
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